En la academia (de raíz antropocentrica, eurocéntrica) existen reflexiones sobre hombre Moderno y Posmoderno : se dice que en el hombre Moderno, o sea, el que está enmarcado con la dialectica de Marx -la falsa conciencia-, la conciencia latente de Freud, y la filosofia de Nietzche, y todos sus conceptos, son cancelados en el hombre Posmoderno, donde todo son superficies y redes. Pero ¿por qué? Hago un resumen breve, y luego mi crítica desde el pensamiento que circula por la editorial Tepatiki
El proyecto moderno y la profundidad
Esas tradiciones mencionadas, comparten la idea de que la realidad manifiesta oculta algo más verdadero que yace debajo. Son hermenéuticas de la sospecha (segun Ricoeur).
- Marx propone que la conciencia de clase dominante es falsa conciencia: el trabajador percibe su situación como natural cuando en realidad es producida para reproducir la dominación: la dialéctica rompe esto.
- Freud opera en el inconsciente, que no es accesible directamente; y requiere interpretación, trabajo analítico: una hermenéutica especializada que traduzca el síntoma a su verdad latente.
- Nietzsche opera también como sospecha: detrás de los valores morales hay voluntad de poder enmascarada; detrás de la metafísica está el resentimiento del débil que se vengó del fuerte. La dialéctica descubre la profundidad genealógica que la historia oficial oculta.
Los tres presuponen, entonces, una diferencia entre superficie y profundidad, entre apariencia y realidad, entre lo manifiesto y lo latente. ¿Y cómo se reemplaza o cancela esto?
La cancelación posmoderna
Hay un ensayo sobre la Lógica Cultural del Capitalismo Tardío (Jameson), en donde se dice que el pastiche reemplaza a la parodia, el simulacro a la representación, la superficie a la profundidad, la esquizofrenia temporal al historicismo.
Ya no hay original que el signo represente (Baudrillard), solo hiperrealidad, cadenas de signos que remiten a otros signos sin anclaje en ninguna realidad profunda. Un ejemplo: La guerra del Golfo no ocurrió, en el sentido de que lo que ocurrió fue su simulación mediática. Ergo, hablar de falsa conciencia no tiene sentido: ¿falsa respecto a qué verdad? No hay profundidad respecto a la cual medir la falsedad.
Desde el inmanentismo radical (Deleuze y Guattari ) se contribuye con el concepto de rizoma: una lógica horizontal sin raíz, sin centro, sin arriba ni abajo. Lo opuesto al árbol —que es la metáfora de la profundidad jerárquica moderna.
Finalmente, hay incredulidad ante los metarrelatos (Lyotard): ya no hay un relato capaz de unificar la experiencia, de dar sentido a la historia desde un centro. El marxismo, el psicoanálisis y el proyecto ilustrado son metarrelatos que ya no legitiman. Lo que queda son pequeños relatos locales, incomensurables entre sí.
Entonces, llegamos al punto más profundo del debate es el sujeto. El hombre Moderno, un alienado, un neurótico, un atrapado en la falsa conciencia, era un sujeto con interior: historia, memoria, trauma, clase, deseo…
Pero, el sujeto Posmoderno tiende hacia las identidades fluidas, memorias cortas, atenciones fragmentadas, experiencias de sí mismo como marca o perfil, superficie “performativa”. y esto se llamó identidad líquida (Bauman). El sujeto está desconectado, no se siente conectado a su naturaleza, o a la Naturzaleza en sí, ni a nada. No tiene sintonía con nada.
Desde nuestro trabajo editorial —epistemologías andinas y amazónicas, territorio, ecopoesía— que no son ni modernas ni posmodernas en el sentido europeo, operan con una lógica de profundidad territorial y comunitaria, de volver al mito donde la Naturaleza es una sola, nadie está separado, y que resiste tanto la falsa conciencia moderna como la superficie posmoderna.
En ese sentido, el pensamiento que circula por Tepatiki es de algún modo, una crítica práctica ambas. Para recordar cómo volver a tener sintonía, como volver a tener conexión.
(*) Imágen: obra de Cecilia Lynch, “Sintonía”. Óleo sobre tela.
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