Estas son notas personales al corpus bibliográfico que usaré durante los Estudios Culturales, puntualmente Andino-Amazónicos, para la Maestría UNR-EC . En este caso, “Pachakuteq – Una aproximación a la visión andina” , de F. García y P.Roca.
En este caso, divergencias de cosmovisión fuera de las tradicionalmente difundidas, y que fueron aportadas en forma oral a los autores. Por caso, los 4 mundos, Hawan Pacha, Hanan Pacha, Kay Pacha y Uku Pacha.
“El Hawa Pacha es el primer mundo; aquel gran océano del cosmos donde vibran los tiempos y los grandes sistemas galácticos que no se ven, pero existen. Es el universo invisible que ocupa un espacio y un tiempo diferentes. Está más allá de nuestros sentidos y existe, aunque los ojos humanos no sean capaces de percibirlo. Durante la conquista, los extirpadores de idolatrías hicieron desaparecer este mundo uránico —primero en la escala cósmica—, en su afán de imponer la trilogía religiosa del cristianismo y toda su cosmogonía, a los pueblos vencidos. Su existencia fue establecida por Rafael Aguilar a partir de las aproximaciones de Bertonio, en haqe aru, y de González Holguín en quechua. Huillca y Aparicio Masías nos confirmaron su existencia con una afirmación categórica: Hawa pachapi yuyanchispas chinkapun, chaypi intikuna, killakunapas phullpurin. “En el mundo de afuera nuestra imaginación se extravía; allí hierven los soles y las lunas”. Años después realizamos una película documental sobre los Danzantes de Tijeras, cuya expresión cultural entronca con el Taki Onqoy, movimiento religioso milenarista que fue erradicado (aparentemente) en el siglo XVI, y pudimos comprobar que los danzaq de Huancavelica, todavía invocan a los cuatro mundos durante sus ritos de iniciación.
El Hanan Pacha es el cielo visible, donde habitan Ti, el Sol; Mama Killa, la Luna; las constelaciones y los astros. En quechua la palabra Ti significa Sol, no Inti como equivocadamente se dice. El Sol es An-Ti, cuando nace; In-Ti cuando llega al cenit; Qon-Ti, cuando se oculta en el océano; y Wa-Ti, cuando permanece invisible al otro lado del mundo. Así, An-Ti-Suyu, una de las cuatro regiones en que se dividía el sistema político social de los incas, expresa la región del oriente, orto del sol; y, Qon-Ti-Suyu, la región que colinda con el poniente, es decir, donde el Sol se pone. El error de designar al Sol únicamente por su posición dominante de In-Ti, es atribuible también al afán de los españoles por
ocultar un conocimiento preexistente entre los indios, sobre la forma y movimiento de los astros, contrario al dogma católico. Es de suponer que, salvo aislados intentos de comprender la mentalidad
y cosmovisión de los pueblos sojuzgados, atribuible generalmente a doctrineros como Cieza de León y Montesinos, los invasores no prestaran atención sino a la conquista del oro, en cuya búsqueda y
acopio cometieron las mayores iniquidades. Para los quechuas las distintas posiciones del astro orientaron el sistema de las cuatro regiones o Tawantinsuyu, cuyo centro raigal es la ciudad del Qosqo (Cusco en español), y la persona, igualmente sagrada, del inca. El mal llamado Imperio incaico designaba, pues, un concepto más cosmogónico que político. Los incas expresaban con la palabra Tawantinsuyu una aglutinación semántica en el orden natural. En rigor idiomático, el vocablo sintetiza la
unidad de las cuatro regiones cuyo sistema trataban de representar, adecuando su organización política, su régimen social, su ciencia y su técnica, a las grandes leyes que rigen el universo.
Qollasuyu, la región del antiguo Tiwanaku, habitado entonces por qollas, lupakas y otras etnias lacustres como los urus, estaba situada al sur, y el Chinchaysuyu, al norte de la línea imaginaria que
traza el Sol en su trayectoria, coincidente, esta última, con la posición que ocupa la constelación del Chinchay (las siete cabrillas) en el mapa del cielo. An-Ti-Suyu significa, literalmente: “Región donde el sol nace”, y expresa las diversas manifestaciones del cosmos que ocupan el Oriente. La palabra Andes es la castellanización de An-ti, es decir, el orto del Sol, la posición que ocupa en ese momento del día y las infinitas variaciones y formas que ofrece el universo (incluida la Tierra) durante las primeras horas de la mañana. Es el tiempo en que se ocultan los astros, brilla el sol naciente y medran a su amparo
las criaturas de la luz. Qon-Ti-Suyu, es la región donde se oculta el astro. Expresa las horas crepusculares, el Occidente que abarca otra infinidad de mundos y de seres que termina en la vastedad del océano Pacífico. A este mundo pertenecen las horas apacibles, el descanso, la meditación
y el encuentro con los espacios interiores, tan grandes como los que rigen el universo exterior. Según el doctor Aguilar el vocablo Qon (nombre atribuido a un dios mochica) es más bien la expresión
de un atributo que significa “convulsión y caos”. Él traduce —a nuestro juicio con razón—, la trilogía de dioses que nos endilgaron los historiadores: Kon (mal escrito), Teqse, Wiraqocha, con una sola
expresión: Qonteqsewiraqocha, es decir, “capacidad de producir y controlar el caos”, atribuido a Wiraqocha, el (falso) dios andino que, según la mayor parte de los cronistas, era la divinidad mayor del
Tawantinsuyu. No olvidemos que el llamado “Cinturón de fuego del Pacífico” atraviesa de sur a norte la costa del Perú y es una región de volcanes, fenómenos telúricos, catástrofes naturales y terremotos
que hacen comprensible su identificación con el caos en el idiolecto andino. Por contraste, la apariencia de este mundo es de calma, sosiego y tranquilidad, equilibrio que puede quebrarse súbitamente con la irrupción de una catástrofe natural. In-Ti, es decir, la posición del sol en el cenit, expresaría, pues, el punto de equilibrio, el momento en que las fuerzas de la mañana alcanzan su máximo desarrollo y, por fuerza, inician el ineluctable tiempo de la declinación. Tal vez por extensión, este momento supremo en que energías contrarias se igualan y neutralizan, haya provocado el empleo del vocablo Inti para significar el sol en su expresión máxima. Es decir, reconocer el momento en que
el astro dador de vida alcanza una dimensión sagrada pues armoniza el cosmos y el caos, la mañana y la tarde, la juventud y la vejez, el proceso indetenible de la vida y la muerte. También el punto
supremo del equilibrio, del justo medio, en que no hay vencedores ni vencidos, ni fuerzas dominantes ni fuerzas dominadas. El Qosqo, en fin, plexo solar, ombligo del mundo.
El Kay Pacha es la superficie de la tierra y el mar, región habitada por el hombre y por seres vivientes e inanimados, visibles e invisibles, y que están en permanente proceso de transformación.
Es el espacio-tiempo poblado por plantas, animales, cerros, lagunas, ríos y fuerzas naturales que comparten el mundo de los seres vivientes en el planeta. Es el medio natural que los científicos denominan biosfera, por ser el ámbito donde se desarrolla la vida. Los andinos consideran el Kay Pacha como una suerte de lugar privilegiado donde la energía del kamaqen, proveniente del cosmos, logra
animar a los seres inertes y forma la infinita variedad de seres vivos que lo pueblan. También es el espacio donde se manifiestan otras formas de la energía como los fenómenos atmosféricos, las estaciones, el ir y venir de fuerzas naturales que, a través del discurrir perpetuo del tiempo, dan lugar a la continuidad del orden cósmico.
El Ukhu Pacha es aquel mundo que ocupa el interior del planeta; universo proteico donde se concentran las energías del caos para generar eternamente el espectáculo de la vida y de la muerte. Es
el gran vientre de la naturaleza, la fuente nutricia, pero también el lugar donde concluyen los seres vivos luego de su breve paso sobre la tierra. Es, pues, el principio y el fin, la madre y el desmadre,
la cuna y el sepulcro. Lo habitan igualmente seres de la noche que, en el imaginario indio, son la materialización de las energías perversas y los administradores del caos, como los mukis, los
soqas y los machulas. Es también el mundo donde se acumulan las energías del planeta para su constante diálogo con el cosmos. Los seres que hunden sus raíces en el “mundo de adentro” (o de abajo), crecen de cara al sol, orientados al “mundo de arriba” para intercambiar energía e información, como los árboles, las montañas, la infinita variedad de formas animadas e inanimadas que pueblan
el Kay Pacha. Las montañas y los árboles —que apuntan al cielo— son, pues, una suerte de lengua que utiliza la Tierra para su diálogo perpetuo con el cosmos.”
[#] ISBN 978-980-14-3218-0
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